Hemos puesto a un maniático del orden a ver el programa de Marie Kondo en Netflix. Esto es lo que opina 

Carlos Zahumenszky just a moment. 0 comments
¡A Ordenar Con Marie Kondo! Marie Kondo Netflix Opinion

Soy un maniático del orden. No es una pose ni una manera de hablar. Soy así desde que puedo recordar. Si entras en mi despacho sin que yo esté y mueves un lápiz dos centímetros sabré que lo has movido. Ese es el nivel. Pues bien, vengo a decirte que no te creas todo lo que te dice Marie Kondo.

Si no sabes quién es Marie Kondo, sigue leyendo. Si ya la conoces o eres fan de su programa, puedes saltar de párrafo. A continuación, un brevísimo resumen para ponerte al día. Desde hace una semana las redes sociales están llenas de comentarios sobre un nuevo reality estrenado en Netflix titulado ¡A ordenar con Marie Kondo! (Tidyng Up with Marie Kondo). En el programa una consultora experta en orden y organización llamada Marie Kondo acude en ayuda de una familia con problemas graves de orden. Es un poco como Extreme Makeover: Reconstrucción total, pero centrado solo en el orden del hogar. No en las reformas.

¿Debes ver ¡A ordenar con Marie Kondo!? Esa duda te le resuelvo rápido: Sí. Es un programa divertido y se aprenden algunas cosas sobre orden. Eso sí, si eres de los que subes la ceja cuando ves a gente absurdamente feliz, te molestan los contenidos inspiracionales con menos base científica que un congreso de terraplanistas o eres muy sensible a la vergüenza ajena, este programa no es para ti.

Orden, desorden y convivencia

Algo me decía a mí que el show de Marie Kondo no me iba a gustar, y tras ver varios capítulos mis sospechas se han visto confirmadas.Vaya por delante que no tengo ningún problema con ella, ni con su método, que me parece muy racional. La señorita Kondo no solo derrocha simpatía y amor, sino que lo que dice sobre cómo ordenar cosas tiene bastante sentido. Estoy de acuerdo en el qué (aprender a ordenar es bueno), pero no en el cómo, en el por qué, ni en el con quién. Vayamos con el primer punto.

Decía arriba que soy un maniático del orden. Explicado más brevemente significa que elijo un lugar para guardar una cosa y siempre la pongo en el mismo maldito lugar nieve, llueva, haga sol o caiga una bomba nuclear. Adicionalmente, soy obsesivo con el orden visual de las cosas, su posición en el espacio. Puedo soportar un cajón más o menos desordenado siempre y cuando encuentre lo que busco, pero mueve de sitio algo en una estantería y te las verás conmigo. Todo está en su sitio por una razón en mi cabeza. En ese sentido el método Kondo de ordenar por categorías me parece fenomenal. Es al que he llegado yo de manera natural.

Cuando vivía solo, esto se traducía en que mi casa parecía la portada de una revista de decoración. Afortunadamente para mi estabilidad mental, ya no vivo solo. Vivo con mi esposa, mi hija de tres años y un sobrino que está estudiando alemán. Mi esposa es ordenada, pero no sufre de vahídos si ve un cuadro torcido. Es, en definitiva, una persona mentalmente más sana que yo. El sobrino es bastante organizado para ser un adolescente. Mi hija, como todos los seres humanos de tres años, es un generador inagotable de caos y desorden. A resultas de esa combinación, mi casa a veces está ordenada, a veces no lo está tanto, y a veces es un desastre. Para mi criterio, es un desastre permanente.

Y me da igual.

Me da igual porque me he obligado con gran trabajo a que me de igual y en el camino he descubierto que el desorden es necesario también. De vez en cuando es bueno deleitarse en el caos, igual que tarde o temprano es bueno deleitarse en la propia acción de ordenar. Por otra parte, imponer mi orden obsesivo a otras personas significaría en la mayor parte de casos hacerles la vida imposible. Hay que llegar a un punto de consenso y relajarse.

El desorden no es un problema, es el síntoma de un problema

Segundo punto de disensión grave con la buena de Marie: Por qué ordenar. El programa de Marie Kondo, como buen reality, postula que ordenar las cosas en tu vida hará que tu vida sea mejor. Pues mira, no. Con el tiempo he aprendido que tanto el orden como el desorden no son la causa de nada. Son un síntoma, como la fiebre. Baja la fiebre y habrás bajado la fiebre. Te sentirás mejor, pero no habrás curado la infección que la causó. El orden en la casa es solo un reflejo de nuestro estado de ánimo en cada momento. Una persona deprimida no se va a curar de su depresión por ordenar la casa. Como mucho va a mantenerse ocupada y va a tener un propósito temporal y la sensación de que está recuperando el control de su vida. Todo eso es bueno, pero no es suficiente.

Si no tienes tiempo para ordenar, tu problema no es que seas desordenado, es que no tienes tiempo, y la solución es reflexionar sobre en qué gastas tu tiempo y ampliar la parte dedicada a ordenar. Si crees que ordenar cosas no es divertido como para dedicarle tiempo tienes un serio problema de actitud. Esa es una de las pocas cosas en las que estoy de acuerdo con Marie Kondo. Ordenar es un placer equivalente a sentarte en un jardín zen y peinar las piedras a tu alrededor. Es una actividad relajante y muy mecánica que proporciona tiempo para pensar. También es una actividad muy productiva, y además puede ser divertida si te la tomas como un repaso a tus recuerdos o una forma de encontrar tesoros que no recordabas para reincorporarlos a tu vida.

En lo que ya no estoy de acuerdo con la señorita Kondo es en lo de que hay que tirar lo que no te hace feliz. En eso tengo experiencia, porque soy una máquina de tirar. Si no lo he usado en un año, lo tiro. Si está en el suelo, lo tiro. Si está más de una semana fuera de su sitio es muy posible que lo tire. Mi obsesión permanente es optimizar el tiempo, y cualquier cosa que me haga perder tiempo es un estorbo, así que la tiro. Lo tiro todo.

Tirar lo que no te hace feliz es un error

El problema de la idea de “tirar lo que no te hace feliz” es que por definición, lo que te hace feliz hoy, puede que ya no te haga feliz mañana y viceversa. Lo que hoy no necesitas, mañana lo puedes necesitar. Eso se aplica a todo, desde el bolígrafo de un hotel a cosas tan viscerales como el objeto de un familiar fallecido o de un ex al que odias. Cuando tu mente supere la pérdida probablemente quieras tener ese objeto para tener un recuerdo de esa faceta de tu vida a pesar de que ahora te duela solo verlo. Decir que hay que tirar lo que no te hace feliz es una idea tan bobaliconamente tóxica que haría palidecer de envidia al mismísimo Paulo Coelho (al que por cierto detesto).

He perdido la cuenta de las veces que he llorado por haber tirado un objeto que en su momento me estorbaba en el armario o me ponía triste. La ropa que ya no te pones este año puede estar de moda el año que viene y mataría por recuperar la chupa de cuero que llevaba en la universidad, pero la doné porque no estaba de moda. Soy idiota.

Nuestro cerebro, nuestra propia inteligencia, funciona a base de recuerdos y memorias. Es la razón por la que percibimos el tiempo linealmente (antes y después de un recuerdo) y es lo que nos hace sabios. Tirar es olvidar, olvidar es ignorar, e ignorar es el caldo de cultivo ideal para tomar malas decisiones. Hay cosas superfluas que ocupan espacio y merece la pena tirar, pero no elijas voluntariamente ser un ignorante, y “te hace feliz” es el peor criterio que jamás ha existido para tomar una decisión relativa al orden doméstico. LA ASPIRADORA NO ME HACE FELIZ, MARIE. ME ESTORBA UN HUEVO SOLO VERLA. DE HECHO LA ODIO, PERO LA NECESITO PARA QUE NO ME COMA LA MIERDA, ¿SABES?

El problema de fondo es que tenemos demasiadas cosas porque compramos demasiadas cosas que no necesitamos. A menudo dedicamos demasiado dinero a comprar cosas pequeñas que podemos permitirnos solo porque nos satisface el acto de comprar en lugar de reservar ese dinero para comprar un mueble en el que meterlas. En ese sentido, ¡A ordenar con Marie Kondo! no soluciona la enfermedad, solo baja la fiebre.

Con el tema de quedarte con solo treinta libros ya ni entro. simplemente no estoy de acuerdo. Adjunto foto de mi modesta biblioteca. Llévate un solo libro de ella y estás muerto. Eso sí, cada cierto tiempo la repaso en busca de libros malos para tirarlos. Malos, no viejos.

Esta gente no necesita un gurú, necesita un terapeuta

Llegamos al “con quien”. Tengo un último problema muy serio con ¡A ordenar con Marie Kondo! Es el mismo problema que tengo con Supernanny, The Dog Whisperer o My cat from hell. Todos esos realities parten de un supuesto problema con un niño, un perro o un gato, y se sacan de la manga a un gurú con poderes casi mágicos que educa a la bestezuela de turno, solo que no es así.

En Supernanny, el problema no es el niño. Son siempre los padres. La actitud del niño solo es una consecuencia de lo terribles que son sus papis como educadores. Los perros de The Dog Whisperer nunca son el problema. Lo son sus dueños que no tienen ni la disciplina ni la educación para controlarlos, y lo mismo con los gatos de My cat from hell. En ¡A ordenar con Marie Kondo! el problema no es la casa ni la falta de espacio, de técnica o de tiempo. Es la gente.

Me hace mucha gracia la gente que defiende el programa de Kondo diciendo que es que les encanta el “Organization Porn”. ¡Eso es mentira!

 ¡A ordenar con Marie Kondo! no es organization porn. Sería organization porn si Marie entrara a una casa hecha un desastre y se pusiera a organizarla ella sola en completo silencio, sin hablar con nadie y sin que nadie te explique por qué la casa ha terminado así. ¡A ordenar con Marie Kondo! es misery porn o, si prefieres un término más castizo: vergüenza ajena.

Es el mismo tipo de misery porn de programas como Mi extraña adicción. Lo que te pone de ver el programa es pensar que hay gente mucho más cerda y desorganizada que tú, y que tiene problemas mucho más graves que tú. Como decía el bueno del agente Smith: “los seres humanos como especie definen su realidad a través de la desdicha y el sufrimiento”. En otras palabras, medimos nuestra propia felicidad en base a la infelicidad de los demás, y no hay nada más tranquilizador para una persona que se considera un desastre que ver a otra que lo es más.

Si a ello unimos el mensaje inspiracional de superación, de “tú puedes” y el discursito de “tira a la basura lo que te hace feliz” tenemos el combo perfecto para un éxito de audiencia. Marie Kondo solo es una hábil comunicadora que se ha hecho de oro en una sociedad tan infantilizada que necesitamos a una japonesa pequeñita y simpática para que nos diga que el cajón de los calcetines es un puto desastre. La gran paradoja de Marie Kondo es que, si solo tuviera que quedarme con treinta libros, ninguno de ellos sería suyo.

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